En este año, el tedio del célebre programa fue interrumpido para dar pie a entrevistas con los candidatos a la Presidencia de la República. La primera en participar fue la candidata del partido blanquiazul.
Como se ha registrado en diversas notas periodísticas, Vázquez Mota tuvo un inicio accidentado. Los comunicadores la acribillaron con preguntas difíciles. Pocos negarán que la candidata respondió con serenidad. Pero lo hizo con base en inconsistencias, y a un reconocimiento implícito de los múltiples factores que han abonado a una candidatura fallida.
En medio de la disputa por el poder, la candidata dejó entrever que carecía del apoyo pleno de su partido, lo que en buena medida fue provocado por el desgaste de la contienda interna.
Quedó una vez más en evidencia su falta de substancia, y lo que ha sido una de las principales carencias de su campaña: la efectiva diferenciación con respecto a sus adversarios, de quienes se ufana precisamente de ser diferente.
Fue tan notable el fracaso de la candidata, que dos de los conductores que participan en ese espacio le dedicaron elogiosos comentarios sobre su desempeño durante la entrevista en sus columnas, en lo que parecía una expiación de sus excesos.
Las siguientes dos emisiones fueron las que generaron mayores expectativas, no sólo por tratarse de los candidatos punteros, sino que se trata de los que se encuentran en el extremo opuesto en su relación con Televisa.
Desde hace años ha quedado documentada la relación poco trasparente (al extremo que hoy hasta The Guardian da cuenta de ello) de Peña Nieto con la poderosa televisora, y frente al precedente del golpeteo a la candidata del PAN, las expectativas sobre su entrevista aumentaron.
Para la emisión con Enrique Peña Nieto se utilizó un estilo de entrevista mucho más favorable al candidato, pero menos obvio de lo que se anticipaba.
El candidato fue cuestionado sobre su relación con algunos de los personajes priistas que han sido objeto de escándalos en las últimas semanas, así como algunas notas periodísticas del momento, pero a lo largo de todo el programa se permitió al priista tener siempre la última palabra sin padecer interrupciones o cuestionamientos frontales que lo hicieran resbalar.
Aún ante una polémica tan débil que en ningún momento llegó a tocar su administración como Gobernador del Estado de México (la única excepción fue una breve mención al caso de Atenco), al candidato de Compromiso por México se le percibió con un semblante incómodo.
Frente a las respuestas frecuentes de respeto que decía tener por sus adversarios y cuestionados correligionarios de partido, la entrevista derivó en un ejercicio carente de relevancia periodística porque el candidato no emitió un posicionamiento contundente sobre tema notable alguno. Pero dejó entrever el futuro que nos espera los próximos años, de materializarse el triunfo tan ampliamente difundido por la Televisora.
Es obvio que 2012 no es 1988, y que este no es el mismo país que gobernó Carlos Salinas de Gortari, el evidente mentor de Peña Nieto. Pero cualquier revisión de la videoteca sobre la era salinista permite hacer un paralelo con el trato que daban los medios de comunicación al entonces Presidente y al actual candidato de su partido.
Al ser entrevistado en Televisión, Salinas se explayaba con comodidad sobre los temas de la agenda pública, y en ningún momento se permitía el contraste de ideas entre su proyecto y quienes discernían del mismo. La reverencia de Televisa a Carlos Salinas pretendía proyectar a un sabio estadista de talla internacional exaltando sus presuntos logros como el programa de Solidaridad, y el Tratado de Libre Comercio.
Es posible que la política de la televisora pretenda ser bajo una futura administración peñista una reedición actualizada de ese sexenio, en cuanto a la aclamación de una Presidencia fuerte que logre por fin, las reformas estructurales que el país necesita.
La siguiente intervención de los candidatos con posibilidades reales de llegar a la Presidencia tuvo lugar el pasado 6 de Junio. La expectativa fue enorme y no era para menos.
Desde Julio del 2006, Andrés Manuel López Obrador ha señalado como parte de sus adversarios a Televisa. Y también se podría argumentar que durante los últimos años, las descalificaciones más consistentes hacia su persona y movimiento político se han dado en ese programa.
Aún en largos periodos de tiempo en los que el líder social estuvo fuera de la escena pública, los conductores utilizaban cualquier pretexto para endilgar a López Obrador con los adjetivos más viscerales. Basta con realizar una búsqueda en Youtube para encontrar innumerables de ejemplos de lo anterior.
Desde 2008, López Obrador había solicitado estar presente en alguna emisión de Tercer Grado para defenderse de los ataques que le propinaban. Su solicitud fue desechada bajo el argumento de que se trataba de un programa de discusión periodística. Pero una vez que se acordó el encuentro, era previsible que la actitud de los participantes de Tercer Grado sería la de intentar boicotear la candidatura del tabasqueño.
Cuando finalmente se materializó la emisión del programa, el inicio se dio con base en un largo preámbulo en el que Leopoldo Gómez abordó las críticas de López Obrador hacia la televisora, contrastando su argumento del cerco informativo con una gráfica que pretendía demostrar la cobertura que se le había brindado en la televisora desde su gestión como Jefe de Gobierno.
López Obrador pudo haber caído en la trampa de aclarar que si bien el tiempo destinado en los medios podía ser correcto, se trataba casi sin excepción de un espacio desfavorable, pero se limitó a citar un estudio propio que prometió presentarles durante un corte comercial.
En la primera parte del encuentro existió un sano equilibrio entre el cuestionamiento y el respeto a la réplica del invitado.
Fue a partir del segundo corte en que la opinocracia comenzó a atacar. Existieron momentos durante la emisión en que las interrupciones fueron tan constantes, que el dialogo resultó inaudible. Ello da cuenta del profesionalismo de los conductores, pero también de los verdaderos alcances del moderador.
De manera destacada, quienes se lanzaron a atacar de forma frontal a López Obrador fueron Adela Micha, quien con gritos histéricos pretendió erigirse en un remedo de juez mediático en contra del candidato y Carlos Loret de Mola quien increpó al candidato entre burlas y cifras sobre su gestión como gobernante de la Ciudad de México por parte de instituciones que estuvieron al servicio de sus adversarios políticos. En momentos resultó una verdadera emboscada de la que prácticamente ningún político habría salido bien librado, o al menos, con el ánimo ecuánime.
En el caso de Adela Micha, no deja de extrañar su argumento que la honestidad del candidato no lo es todo, cuando López Obrador explicó en más de una ocasión el caso del charolazo, que la conductora pretendió hacerlo el tema central de la noche. Pero basta recordar que se trata de la misma comunicadora que se convirtió en defensora de oficio del candidato del PRI cuando se desató el escándalo en la Feria del Libro de Guadalajara, al afirmar que leer era irrelevante a la hora de gobernar. Muy probablemente muchos televidentes de diversos signos ideológicos se cuestionaron esa noche acerca de las verdaderas credenciales periodísticas de la ex conductora de Big Brother.
Por otra parte, muchos también seguramente objetaron la seriedad y madurez del productor del fallido documental De Panzazo. Al insistir de forma reiterada que René Bejarano era el operador electoral de López Obrador, Loret de Mola terminó por enmudecer ante el emplazamiento del candidato de presentar pruebas que sustentaran sus dichos.
Al recurrir a un cuestionamiento tan severo los comunicadores de Tercer Grado hicieron el mayor favor posible al candidato que más detestan: Sus reflejos y asertivas respuestas dejaron satisfechos a sus seguidores, mientras que muchos indecisos con sentido crítico pudieron haber decidido el sentido su voto esa noche.
Fue sin duda una importante victoria en la biografía del luchador social, al derrumbarse el mito que ha construido la pantalla de ser un personaje intolerante, ya que emergió como el candidato con el talante conciliador que la Televisora siempre le ha regateado.
Lejos de la imagen que Televisa ha pretendido difundir del izquierdista, muchos jóvenes pudieron vislumbrar un país en el que se amplíen las libertades, y en el que el mandatario del país no tema al contraste de ideas, contrario a la tendencia de los regímenes del PRI y el PAN que demandan a los ciudadanos guardar sumisión hacia el poder.
Y es que para ese mismo sector queda claro que un país donde se respete la pluralidad difícilmente vendrá del gobierno de aquel candidato cuyas entrevistas son arregladas en un contexto favorable, y que es cuidado al extremo por sus asesores para exponerse lo menos posible.
La disputa del país se centra entre la simulación y la promesa de un nuevo camino. Todo eso quedó evidenciado en esas emisiones de Tercer Grado. Hasta que valió la pena el desvelo.
http://homozapping.com.mx/2012/06/tercer-grado-diferentes-versiones-de-un-mismo-pais/#more-18400



































































